Yo también soy una hipócrita

Mucho postmodernismo, mucha cultura, mucha educación para todos y para todas, mucho europeísmo ilustrado pero al final constituimos una sociedad tan hipócrita como las precedentes, o más.

Cada vez más cosas están prohibidas: fumar en lugares públicos, regar las plantas a determinadas horas, pararse a conversar en mitad de la vía pública… Leyes nacionales, autónomicas o locales que dejan ver que nosotros que somos tan cultos, adolecemos de cualquier tipo de civismo ya que parece ser que el Gobierno nos tiene que sancionar para evitar que realicemos ciertas acciones que, al menos aparentemente, son de cajón. Creo que evitar sacudir una alfombra cuando pasa una persona bajo mi ventana es de perogrullo. O recoger las cacas de mi perro. Quizás no todo el mundo opine igual…

Estas prohibiciones que pasan, como digo, por el sentido común, me resultan inquietantes porque pienso que posiblemente nos irán reprimiendo cada día un poquito más y que, dentro de unos pocos años, veremos a algún delegado de nuestro querido Presidente del Gobierno asomado por una mirilla en nuestras casas para ver si meamos dentro de la taza del váter o si hemos quitado todas las cruces de nuestras habitaciones. Yo que sé. Pero realmente parece que nos hace falta un perro guardián que vigile todas nuestras acciones. Está claro que no somos una sociedad madura, aunque nos guste presumir de ello.

Somos unos creidos; somos unos gilipollas.

Sin embargo, lo que realmente me asustan no son las prohibiciones de chichinabo que estos pseudosocialistas – y también los otros - vienen imponiendo en estos años tan democráticos. Lo que me asustan son las privaciones que nosotros mismos nos inculcamos. Ahora ya no se puede decir nada, porque todo es políticamente incorrecto. Porque parece que soy menos progre, o incluso que soy racista/fascista/xenófoba/intolerante/lo peor, si digo que las teleoperadoras latinoamericanas de las compañías telefónicas me ponen de los nervios, o que las bodas gays fueron una mera distracción de Moncloa. Es igual que yo me posicione 100% a favor de estos matrimonios y 100% a favor de la inmigración. Cualquier comentario mínimamente opuesto al todo vale porque todo es legítimo se considera digno de “El Gato al Agua”. O sea que en esta sociedad tan sumamente demócratica, en la que efectivamente todo vale, yo no puedo decir lo que me dé la gana. O sea que ahora a los niños no se les puede tocar, a las mujeres no se las puede tocar, a los negros no se los puede tocar. En pleno siglo XXI darle un cachete a un hijo puede ser sinónimo de cárcel, si te peleas con tu pareja (y digo pelearse, ojo, que es cosa de dos, nada que ver con un maltrato sexista) cualquier persona puede inmiscuirse y denunciar al hombre porque, por supuesto, él tiene la culpa sin lugar a dudas. Y por supuesto que no se te ocurra mencionar a Alá, porque eso significa que eres un antiislamista radical.

¿Somos los progres más fachas que Franco? Porque si odiamos todo lo que no tenga que ver con nuestras opiniones tolerantes y transigentes, si condenamos las posturas radicales con tanta vehemencia que resultamos ser aún más radicales que ellos… ¿no será que sólo vemos la paja en el ojo ajeno?

Somos una sociedad cada día más cerrada en la que ya no hay cabida para la libertad de expresión. Una sociedad en la que TVE censura un programa (“Españoles por el mundo: Jerusalem”) porque 147 personas denuncian que ofrece una “visión sesgada y sionista” de la ciudad israelí y una sociedad en la que está mal visto hacer chistes de gitanos. Pues oye, yo también tengo derecho a ver ese capítulo de “Españoles por el mundo” para formarme una opinión y también tengo derecho a hacer los chistes que quiera y, en consecuencia, a aceptar humildemente que otros hagan chistes sobre mi persona.

En mi opinión, cuando perdemos la libertad de expresión perdemos la esencia de la naturaleza humana. Perdemos en pluralidad, perdemos en democracia, perdemos en cultura y perdemos en tolerancia.

Y lo que más miedo me da es que esa pérdida de libertad de expresión no viene impuesta (o no de una forma directa) por un gobierno como años antes. Somos nosotros mismos los que nos autocensuramos y los que censuramos a los demás.

http://www.youtube.com/watch?v=yx-277MRYuM&ob=av2em

Me pregunto que pasaría si un vídeo como éste se lanzase al mercado musical en el año 2011. ¿Lloverían las críticas?, ¿se les acusaría de xenófobos por burlarse de una cultura? ¿Se censuraría el vídeo y/o la letra de la canción? ¿O quizás ninguna productora se dignaría siquiera a publicarles?

Hagan sus apuestas….

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One Response to “Yo también soy una hipócrita”

  1. usuario dice:

    En sus palabras se ve reflejada la opinión de una persona que esta madurando.
    Los que un día gritaron libertad, hoy son los que dictan las leyes, y los que más prohíben, sobre todo prohíben peor.

    Los otros censuraban muchas actos y cosas, acordes a su tiempo y a la forma de vida de esa época. No es buena la represión, aunque hay cosas objetivas y actos que no son éticos de por si.
    Matrimonios homosexuales adoptando hijos, hijos que no tendrán nada que ver con las leyes de la naturaleza. Personalmento creo que hago y educo a mis hijos de una forma diferente que una pareja de dos.

    La sociedad se cierra, siempre se cerro; cuando se es joven no te das cuenta, al paso de los años, recapacitando te das cuenta de como es cada persona.
    Lo único que esta claro, es que con este gobierno el país pierde, puestos de trabajo y bienestar social.